25 de enero de 2012

El interior...

Observo lo que me rodea y lo único que consigo notar es un continuo flujo de sonidos fuertes que aturden y bloquean cualquier mente humana. Fijo mi concentración en escribir, en leer, en estudiar, de nada sirve… los sonidos me dominan por completo.
Qué difícil es encontrar paz a veces.
Dejo de mirar alrededor y empiezo a mirar adentro mío.
Puedo notar que mi interior es mucho más revuelto, ensordecedor, estresante.  Mis pensamientos, mis sentimientos, y las cosas que evito reconocer juegan carreras en toda mi cabeza, pero ninguno llega a la meta,  no consigo extraer alguna idea  “hecha y derecha”, todo está incompleto en mi.  Algo me falta.
A mi derecha mi hermana, despeinada, hermosa, radiante como siempre. A mi izquierda mi perrito, mordiendo todos los muebles como cachorro que es. Al frente, el televisor, con un volumen súper-fuerte mirando “Súper-torpe”.  Y atrás un espejo en el cual últimamente me miro demasiado, cosa que antes no hacía. “Estoy muy flaca” digo hoy. Hace un mes pensaba que estaba gorda –bipolaridad modo on-. Porque eso solo es lo que veo en mi, defectos y virtudes físicas.
Entonces me vuelvo a concentrar en mi interior y me doy cuenta que si no logro extraer nada concreto es porque tengo barreras invisibles que me impiden sentir… ¿Para qué sentir? Me pregunto… siempre salgo lastimada, debo ser más frágil de lo que creo. Y me doy cuenta que cosas que me pasaron en distintos momentos de mi vida me marcan, me debilitan y me hacen cada día más fría e incapaz de poder demostrar lo que me pasa. Que a la vez es tan obvio para las personas que de verdad me conocen, es decir mi mamá –Me sorprendió como hace una semana describió lo que yo sentía de una manera perfecta, aunque yo lo haya negado-.
Entonces el muro se levanta, y se transforma en un caparazón que me protege de todo lo que me puede seguir lastimando. No dejo que las cosas me importen mucho, porque en este momento no soporto las perdidas. Porque en el 2010 perdí algo que se llama auto-suficiencia, aunque gané Fe. Y a finales del 2011, ese 26 la Fe se fue desvaneciendo, aunque todos los días me obligue a mantenerla viva. (Creo que queda más que claro porque no soporto más pérdidas).

Vuelvo a mirarme al espejo y no me veo. En mi lugar hay una nena de diez años. Insegura, con miedo de estar sola, que le tiene miedo a la oscuridad y duerme escondida entre sábanas.

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Poldy Bird

Quiero volver a casa.
Es decir... a no tener miedo a el resultado del análisis de sangre, a no saber qué quiere decir “biopsia”, a encapricharme por un par de zapatos y contar con los dedos los días que faltan para cobrar el sueldo y poder comprarlos. Y pensar que la vida es para siempre. voy a ser tan feliz, feliz, feliz!” Y todos los amigos se acercan porque no temen el contagio de la pena: un amigo para cada tristeza, para cada alegría... Para cada momento un rostro, una palabra, un gesto de ahuyentar a los vampiros, al terror, a la desesperanza... Cuchichear pavadas, chismes sin importancia. No tener nada trágico para confiarle a nadie. Hablar de que se usan las polleras más largas, por suerte, de que se pueden comer tallarines una vez por semana sin que al dietista le dé un ataque de locura; de cómo me quedarían los ojos con lentes de colores.
No pensar que en cualquier momento puede estallar el mundo, destriparse en pedazos, y cada uno de nosotros aferrado a una piedra, una parcelita de tierra, un bote, un madero... aferrados por siempre y girando, también por siempre en los espacios infinitos... alejados unos de otros, sin vernos, sin oírnos.
Mucho más que una forma de expresión.