14 de enero de 2012

Rosario...

Ayer volví a la vida de ciudad, aunque todavía no salí de casa. 
Creo que tengo ganas de mudarme, la depresión que me agarra cuando estoy acá es increíble. 
Fueron hermosos cuatro días con amigas, con charlas, juegos, pileta, caminatas y un par de complicaciones, como el hecho de no tener luz un día y medio, o que un tipo entre a la casa (que miedo por Dios). Fueron días en los que me pude despejar -no todos, el rulo siempre vuelve, siempre está-.

Tengo tanta tristeza acumulada, tantas cosas por decir todavía, dos semanas y media pasaron nada más, yo siento que hace tres meses que no hablo con Matias, siento ese vació inconfundible, irreemplazable, imposible de llenar en mi pecho, en mis pensamientos, en mi corazón. 
Aprendí que no soy lo suficientemente fuerte para afrontar la vida sola como creía, porque es obvio que estoy necesitando de alguien -o algo- para salir adelante, ojalá supiera que/quien es. No se si ir a un psicólogo -siempre pensé que los psicólogos son para los locos, no creo que en realidad funcionen-, no me nace torturar a quienes me rodean con mi tristeza, mis preguntas, mi depresión. Por eso escribo, todos los días. Aunque casi siempre quede en la nada, porque llega un momento en que no tengo más palabras, y no por falta de vocabulario, no tengo palabras que de verdad me identifiquen en este momento. Solo se llorar, creo que ni la forma de mis ojos son iguales a lo que eran tres semanas atrás. No es la misma mi sonrisa, no es igual mi manera de ver el mundo.
Odio los lunes más que antes. Siempre los odié, porque significa empezar la semana, sobre todo en épocas escolares cuando tenía gimnasia, ahora sé que es odiar los lunes. Odio ese Lunes 26 de diciembre, cuando Dios decidió decorar el cielo con 5 angelitos más, lo odio  y creo que muchas veces odio a Dios por eso también, aunque crea en él y trate de "entender" por qué lo hizo, trate de "respetar" esa decisión, me da impotencia que no haya salvado a Matias, o a alguien más, seguramente ahora estaría internado, sufriendo, todo roto, pero estaría acá y yo estaría rezando por "su pronta recuperación" y deseando volver a verlo, para darle todo lo que se merece y ayudarlo a seguir adelante. En cambio ahora rezo por qué? para que tenga un buen lugar en el cielo, para poder "dejarlo ir", esas dos palabras que detesto y hacen eco todo el tiempo dentro de mi cabeza "dejarlo ir, dejarlo ir", se le agregan dos más "Tenes que dejarlo ir", y otra "CARLA, TENES QUE DEJARLO IR". 
No quiero... si, si quiero, pero no puedo. No puedo, no soy capaz, lo necesito, que vuelva, que sea un sueño, que alguien me pellizque, que alguien me despierte -¿es normal que siga creyendo que mañana me voy a despertar y va a ser toda una confusión?-.

Ok, nadie me va a despertar. Entonces por favor que sus amigos y seres queridos me cuenten el secreto. ¿Cómo hacen?. Porque yo ya no se como seguir adelante.

Definitivamente no soy igual que hace un tiempo atrás. 

"I will always love you" (es nuestro saludo oficial.)

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Poldy Bird

Quiero volver a casa.
Es decir... a no tener miedo a el resultado del análisis de sangre, a no saber qué quiere decir “biopsia”, a encapricharme por un par de zapatos y contar con los dedos los días que faltan para cobrar el sueldo y poder comprarlos. Y pensar que la vida es para siempre. voy a ser tan feliz, feliz, feliz!” Y todos los amigos se acercan porque no temen el contagio de la pena: un amigo para cada tristeza, para cada alegría... Para cada momento un rostro, una palabra, un gesto de ahuyentar a los vampiros, al terror, a la desesperanza... Cuchichear pavadas, chismes sin importancia. No tener nada trágico para confiarle a nadie. Hablar de que se usan las polleras más largas, por suerte, de que se pueden comer tallarines una vez por semana sin que al dietista le dé un ataque de locura; de cómo me quedarían los ojos con lentes de colores.
No pensar que en cualquier momento puede estallar el mundo, destriparse en pedazos, y cada uno de nosotros aferrado a una piedra, una parcelita de tierra, un bote, un madero... aferrados por siempre y girando, también por siempre en los espacios infinitos... alejados unos de otros, sin vernos, sin oírnos.
Mucho más que una forma de expresión.